SI LOS ALTARES HABLARAN

Era la 1 de la madrugada del día 25 de febrero del 2004, Jorge de 27 años venía ya cansado de trabajar, por Prolongación Corregidora rumbo a Plaza del Parque. El semáforo a la altura de la pista de patinaje se encontraba ya apagado, centellando sólo en amarillo, como Jorge llevaba la preferencia pasó sin detenerse ni voltear a su lado izquierdo, por lo que fue embestido justo en su puerta por una camioneta que venía a exceso de velocidad. El impacto fue tan fuerte que inmediatamente a Jorge le estalló el corazón. En su casa su madre lo esperaba despierta, como cada noche, para hacerle de cenar. Jorge por ser el mayor era el sustento de su hogar pues su padre los abandonó cuando él tenía 11 años. Ese día Esperancita, su madre, estaba nerviosa pues Jorge ya había hablado para avisar que salía para la casa y eran casi las 2 y no llegaba. Asomada por la ventana, vio como una patrulla de la Guardia Municipal se estacionaba fuera de su casa y se bajaba un oficial. En ese momento a Esperancita se le cayó el corazón, supo que algo malo le había pasado a su Jorge. ¿Qué voy a hacer? le preguntaba a Dios en una pequeña plegaria. Abrió la puerta antes de que los oficiales tocaran y bastó ver la cara y los ojos de uno de ellos para saber qué era lo que había pasado. En silencio quedaron todos por momentos y antes de retirarse el otro oficial la tomó del brazo y le pidió que fuera a reconocer a su hijo al forense. Esperancita se dio la media vuelta y se sentó en el sillón a llorar por su desdicha.


Cuatro años han pasado ya y Esperancita ha sanado un poco la herida, ya no le duele tanto la pérdida pero sí la ausencia de Jorge. Su corazón siempre lo recordará y año tras año sin falta, llega religiosamente a las 11 de la noche del día 31 de octubre al lugar donde su hijo murió, a ponerle un altar con las cosas que más les gustaban, como su coca cola, sus pistachitos, sus manitas de puerco y su tan rico mole de “Doña Esperancita”; como cada año, invita a la familia para que le ayuden a poner su altar, sobre todos a los 2 hermanos menores de Jorge, pues ella infunde en ellos el amor que le tenía a su hijo y pide que respeten la memoria de su hermano y no lo olviden.

Lo que nadie sabe es que Esperancita guarda la última cajetilla de cigarros que su hijo dejó en su cuarto y cada año deja con cuidado su cigarro Camel que tanto le gustaba a su hijo. La cajetilla aún tiene 12 cigarrillos, el año pasado tenía 13 y Esperancita me confesó en secreto que cuando le coloque el último cigarro a su hijo, ese día su luto terminará y hará una gran fiesta.


Si pasas por el altar de Jorge no olvides pedirle al señor por su madre, que ha sido fuerte y que todavía tiene 2 hijos por los cuales luchar.

La foto que vez en esta historia, la tome hoy a las 8 de la mañana, ahi si das click en ella podras ver el cigarro no.12 de jorge.